LOS TRAUMAS A
LO LARGO DE LOS SIGLOS
En cierto modo, toda la historia la México ha
sido traumática, se destacan ocho situaciones relevantes que pueden
considerarse como ”los ocho traumas“. La conquista militar y religiosa fue un
cataclismo que dislocó las bases de la relación con los dioses, el cosmos y el
acontecer temporal es decir la edificación de lo nuevo y extraño aplastando,
desacralizando y aniquilando lo más sagrado de los autóctonos, sus dioses.
Los dioses de los vencidos se convirtieron
los demonios de los vencedores y así la hazaña de los europeos redundó en la
destrucción de todos los valores de los naturales. La doble conquista expulsó
al indio como protagonista de la historia; lo borró y lo anuló, el desarraigo
causó un repliegue y un desgano vital y en adelante el llenguaje indígena sería
el silencio.
El mestizo era un auténtico “hijo de su madre” es decir no era aceptado ni
en el mundo criollo al que aspiraba ni en el mundo indio que podía ofrecerle
seguridad y calor. Durante la Conquista emerge el indio como protagonista del
choque con los europeos y durante la Colonia es la india quien toma el pael
protagónico. La sociedad colonial era una sociedad piramidal como la que más,
dogmática, opresiva, ritual,
explotadora; donde “las ejecuciones de los reos… se hacín con la
solemnidad de un oficio rreligioso”
En 1753, por orden real de Carlos III se
llevó a cabo la secularización de las doctrinas, retirando a los misioneros
franciscanos, dominicos y agustinos el cuidado de los indígenas y a raíz de esto
muchos quedaron como huérfanos, en el desamparo. Hacia fines del siglo XVIII
toman cuerpo los movimientos proindependencia; protagonizados por los criollos
a favor de sus propios intereses, no a favor de los mestizos e indios; pero los
primeros hábilmente alborotaron a los segundos y a los terceros y así
obtuvieron carne de cañón a precio de regalo.
Para amedrentar a los mexicanos que
demostraban tendencias más o menos
ostensibles a favor de la libertad, se recurrió a las armas que sobre
las conciencias podía esgrimir todo sacerdote
adicto a la dominación española.
Encomendaron a un activo realista, Agustín de Iturbide, para que encarnara la
Insurgencia y consumara la Independencia y ad hoc a aquellos que tenían la
sartén por el mango les dieron todas las facilidades.
Así, al cabo de once años ( de 1810 a
1821), la independencia se ha consumado pero
sus términos son muy diferentes a los que la revolución popular había
planteado. La rebelión no propugna ninguna transformación importante del
antiguo régimen. Ante las innovaciones del liberalismo reivindica ideas
conservadoras. Sobre todo se trata de defender a la Iglesia de las reformas que
amenazan y a las ideas católicas de su “contaminación” con los filosofemas
liberales. De allí el apoyo entusiasta e incondicional que presta la Iglesia al
movimiento; lo presenta como una cruzada para salvar a la “santa religión
amenazada” y a Iturbide como un “nuevo Moisés” enviado por Dios.
Entre 1854 y 1857 se dio la Reforma,
mediante la cual se trató de fundar ubn
México moderno negando su pasado, con aspiraciones a una nueva y verdadera
liberación nacional. El mexicano no quiere ser ni indio ni español, tampoco
quiere descender de ellos. Los niega … la Reforma es la gran ruptura con la
Madre. La Reforma culminó con la elaboración de la Constitución de Febrero de
1857, condenada a más no poder por la Iglesia, la cual prohibió (en marzo de
1857)que se absolviera en confesión a cualquier católico que hubiera jurado
sobre la Constitución si no presentaba una retractación pública. Luego vino el
Porfiriato con su nuevo feudalismo y con su paz sepultada. Hay orden cívico
pero con deslumbrante riqueza para una aristocracia soberbia y cruel miseria
para las muchedumbres de camisa y calzón blanco, para los peones acasillados,
explotados vilmente en las tiendas de raya. La Revolución de 1910 fue un
cataclismo que desquició el orden social del Porfiriato con el señuelo de la
justicia, la democracia y la libertad.
Al transcurrir el siglo XX, México sufrió
otra conquista, el neocolonialismo del poderoso vecino del Norte con nos ha
invadido con su diplomacia, sus trasnacionales, sus productos, sus consumistas,
sus espectáculos, sus modas, su lenguaje, su american way of life, creándonos
actitudes ambivalentes de admiración y coraje, de envidia y de rechazo.
La gesta nacionalista que - tanto nos
enorgullece – de la expropiación petrolera “fue promovida por los
norteamericanos para expulsar a competidores europeos de México, provocar una
disminución de las exportaciones de petróleo y lograr una dependencia
tecnológica petrolera de México hacia Estados Unidos. Recién descubierta la
riqueza petrolera nos esperaba otro trauma : el de las devaluaciones que
pulverizaron el peso mexicano y el de la inflación galopante con el consiguiente
empequeñecimiento implacable de los salarios.
Y para rematar la cadena de experiencias
traumáticas a nivel colectivo, surge el problema del control de la natalidad,
exigido por la sociedad y reprobado tajantemente por la Iglesia Católica así
como el del aborto reprobado por es
institución y por otros grupos en tanto que apoyado por otros mexicanos que lo
miran como arena de modernidad y prenda de la necesaria emancipación femenina.
NUESTRA
PSICOLOGÍA PROFUNDA
Base de las
conductas de los individuos y de los grupos son, además de los pensamientos conscientes
y claros, las emociones, las necesidades, las carencias y los conflictos.
a) La
crisis de identidad. Ambivalencias
Se
entiende por identidad nacional la conciencia de determinados rasgos
compartidos por la colectividad y la aceptación de un estilo de vida que
incluye un peculiar y valores sistema de normas. En una sociedad colonial y de
castas como la Nueva España, era imposible e impensable tal identidad.
El exponente más genuino de la fusión de
las razas europea e indígena, el mestizo, se consideraba hijo de puta o hijo de
la chingada, es decir de la mujer abierta, violada, burlada. Cabe mencionar que,
en su origen, el uso de la palabra mestizo era despectivo.
El niño mestizo recibía el calor, el
afecto, la protección y la cultura a través del contacto con la madre indígena
y con frecuencia, no conocía siquiera a su padre español y criollo. Así pues,
la figura cercana, buena y positiva era precisamente la que representaba y
encarnaba lo devaluado y despreciado.
Parece que la historia se repite. Así como
el mexicano de los siglos pasados admiraba y respetaba al conquistador español,
ahora admira y respeta al yanqui; y en el fondo detesta a ambos De igual modo
es ambivalente el sentimiento del
mexicano hacia la mujer, por un lado, la respeta y por el otro, la rechaza. El
mexicano exhibe conductas machistas cuando dice: “mi vieja”, “vieja el que se
raje”, “palabra de hombre”, “me voy a madrear al fulano”, “esto es un desmadre”,
me importa madre”.
No permite que el mundo exterior penetre
en su intimidad; por eso, lo peor es rajarse; la peor ofensa que se echa en cara a un mexicano es que se
rajó o que se quiere rajar por que se abre. Las mujeres, en cambio, han sido
consideradas seres inferiores
precisamente porque al entregarse se abren, se rajan.
En las crisis de identidad se toma la
forma de disimulo y se adoptan máscaras, por ejemplo: el valemadrismo es decir
burlarse de sí mismo y aparentar que se ríe del fracaso o de la desgracia; los
alardes, el mostrarse “muy hombre” y desafiar peligros innecesarios; el
lenguaje procaz; los desplantes de superioridad que se manifiesta en el
menosprecio a los indios, a los provincianos y a los “nacos”; la rebeldía
contra el patrón, erigida en estilo de vida y de comportamiento laboral.
México es país de máscaras, la dolorosa
huella que han dejado en él siglos de manipulación, de mentira política, junto
con el hecho de que se nos hizo creer que somos incompletos, que somos
inferiores, ha provocado que los mexicanos nos escondamos, nos enmascaremos y
que disimulemos.
Encontramos a cada paso la mentira institucional. En un desplegado de Excélsior
(17 de junio de 1986) firmado por Francisco
Villareal titulado “ La mentira”: Somos un pueblo enfermo y la raíz de nuestra enfermedad es la
mentira; hemos perdido el valor de nuestro lenguaje… vivimos bajo el imperio de
la mentira oficial, la mentira diaria: la mentira personal de cada uno. ¿Es
posible un pueblo sano en una cultura de la mentira? ¿Es posible una sociedad
libre formada por individuos que mienten de forma habitual, se estafan unos a
otros, no cumplen sus compromisos, burlan la ley, solapan a los delincuentes y
aceptan vivir como esclavos en tanto se les dé comida y pasatiempos.
Estudios comparativos interculturales del
doctor Rogelio Díaz-Guerrero presentan dos cuadros interesantes por sus marcados contrastes: 1)
El estadounidense: independiente, activo, individualista, firme, tenso, auto afirmativo,
con alta necesidad de logro; 2) El mexicano: complaciente, afiliativo,
flexible, dependiente, inhibido. Por fortuna existen recursos positivos para
buscar y afirmar la identidad nacional que se observan en : los símbolos
nacionales (bandera, escudo nacional, Virgen de Guadalupe, calendario azteca,
etc), a condición de ser asumidos sin fanatismos; la común idiosincrasia; el
folklore (ballet, música popular, antojitos, películas, artesanías barrocas,
etc); lasobras de los grandes muralistas; el deporte (¿el futbol?).
b) Religiosidad,
superstición y magia
No hablamos tanto de la religión como
institución sino de la religiosidad como vivencia; no del hecho social (lo
exterior) sino del fenómeno psicológico (lo íntimo). “México no es
estrictamente un país católico; es un país sagrado” Para comprender la
religiosidad del mexicano hemos de reconstruir su génesis allá en el lejano siglo
XVI, en el que se conjugaron varios elementos heterogéneos es decir por un
lado, el catolicismo español combativo de la Reforma y de la Reconquista que
también era un catolicismo devoto; por el otro, la conversión masiva, forzada y
acelerada, que no pudo dar lugar a una síntesis, sino sólo a un sincretismo mal
encaminado; además , el método usado en las doctrinas y en los pueblos indios –con
líderes paternalistas y sobreprotectores y al mismo tiempo, implacables contra
el más mínimo conato de disidencia o emancipación-, ese dogmatismo que trató a
las masas como menores de edad, forma parte de su religiosidad, del modo en que
vive la religión.
Todo esto sucedió en una cultura feudal
que imponía la obediencia y la sumisión por encima de todo. El resultado lo
encontramos en las características que presenta nuestra religiosidad popular reflejado
en: el providencialismo, el ritualismo mágico, la superstición polifacética, el
tradicionalismo ciego, el fatalismo disfrazado de resignación cristiana, el
fanatismo, el culto a cristos cárdenos y destrozados, así como “mandas” y
penitencias espeluznantes, el exhibicionismo en las bodas, bautizos, funerales,
el utilitarismo mediante el doy para que me den.
Una incorregible dependencia psicológica,
una incapacidad de afrontar los problemas y “coger el toro por los cuernos”
origina un clima de superstición y magia notando la diferenciación entre la
magia que es agresiva en tanto que la superstición es pasiva, ésta última se
limita a evitar situaciones que se consideran
dañinas y peligrosas.
En México la ideología dominante es el
nacionalismo; para las mayorías la Nación es cultura, mentalidad, mito y
mesianismo. Encontramos en el Tepeyac una fe patriótica antes que una fe
religiosa, una fe psicológica antes que una fe cristiana ; una proyección de
carencias antes que una respuesta a mensajes celestiales.
c) Actitudes
ante el cosmos y ante la vida
Es significativo que los héroes mexicanos
son liberadores, no fundadores civilizadores, desafiantes agresivos, no
pacientes constructores, mártires en trances de crisis, no sembradores en el
diario laborar. A diferencia de la cultura protestante que enseña a encarar
activamente los problemas, la herencia católica lleva más bien a sobrellevar
pasivamente las situaciones difíciles y el estrés resultante.
Un elemento importante de la cultura
mexicana son las fiestas populares porque en ellas se suelen manifestar
mecanismos compensatorios: la abundancia y el despilfarro van encaminados a
contrarrestar la habitual estrechez y la carencia. En la fiesta el mexicano se abre, aunque más que abrirse
se desgarra, estalla, se abre el pecho y se exhibe y por supuesto, echa la casa
por la ventana.
d) Actitudes
hacia la sociedad. La esfera moral
En el panorama ético de la población
mexicana destaca una nube de cinismos por ejemplo: la mordida, el soborno, las
mil veces repetidas violaciones a la Constitución, la infidelidad conyugal, los
“aviadores” que cobran un sueldo sin trabajar, los fraudes y la evasión fiscal,
las trasgresiones a los reglamentos y el cinismo de los gobernados es
decir un pueblo amoral para un
gobernante corrupto. La mayoría de los
mexicanos tiende a separar la esfera económica de la esfera moral.
e) El
mexicano ante la muerte
México es el país donde menos se cree que
los muertos se han muerto del todo. El mexicano frecuenta la muerte es decir la
burla, la acaricia, la festeja, duerme con ella, juega con ella como si fuera
su juguete favorito. El mexicano ve a la muerte como algo vivo; la indiferencia
ante la muerte se nutre de la indiferencia del mexicano ante la vida. La vida
lo ha curado de espantos.
LA
DEPENDENCIA ANCESTRAL
a) Cuadro
general
Por siglos la norma a lo largo y ancho de
nuestro territorio fue la dependencia. Tras la destrucción de nuestra cultura originaria en el siglo XVI no
nos quedó otra opción más que lanzarnos en busca de la cultura- padre y al no encontrarla, buscamos sustitutos
imitando modelos extranjeros. El mexicano del México independiente acusa
fuertes dependencias por ejemplo: a) Dependencia del gobierno b)Dependencia de
lo divino o sobrenatural c)Dependencia de la familia d)Dependencia del medio
ambiente e)Dependencia de las tradiciones f) Dependencia de la naturaleza.
b) El
fenómeno del paternalismo
Para
quien sabe leer en clave psicológica, es claro que no negamos nuestra herencia
colonial; no hemos superado el prototipo de padre ausente, ese que menosprecia
a la mujer y contrarresta ssu ausencia
física con presencias esporádicas dominantes que pide acatamiento y exige
reconocimiento de su imagen de hombre fuerte; el padre autoritario, hostil y
agresivo, duro, macho pero que es idealizable e idealizado.
c) Un
pueblo manipulado
La nación mexicana en todo momento ha sido
y es una masa manipulada por unos cuantos; más que por verdaderas comunidades
está repleta de muchedumbres anónimas, dependientes, casi como dependían los
indios de sus “padres” europeos. Los ciudadanos aprendieron a pedir favores más
que a exigir respeto por sus derechos. Para el mexicano respeto connota e
implica obedecer, amar, sentir afecto y cosas semejantes en tanto que para el
estadounidense respeto implica sentido democrático, admirar a las personas por
sus cualidades, brindar oportunidades de expresión y de crecimiento, no
inmiscuirse en la vida privada.
El pueblo aguanta resignado, como si no
hubier4a historia sino destino; como si la acción humana careciera de poder
creativo.
Mientras el mexicano tiende a ser auto modificativo
y pasivo, el estadounidense es activo en su forma de confrontar los problemas
de la vida, esto es, los estadounidenses tienden a ser hombres del futuro,
mientras los mexicanos tienden a ser hombres del pasado
importante la historia del mexicano y saber que tenemos un pasado muy agradable, como comentas que somos el unico pais el que celebra a sus muertos y se rie de su propia desgracia, sin embargo creo que en lugar de reirnos de lo que nos pasa, debemos enfrentarlo y saber como.
ResponderEliminaresta información proporcionada es muy importante ya que nos sirve como mexicanos conocer un poco mas de nuestra historia y conocer el deterioro que ha ido teniendo, entre otras cosas nos brinda información que nos llegaran a servir mas adelante.
ResponderEliminarconsidero que para entender al mexicano hay que saber desde sus origenes. Me pareció intersante la parte en la que mencionas que el mexicano paso por una crisis de identidad y esto de debe a quedesde épocas pasadas los mestizos no contaban con una figura paterna..pero a pesar de los traumas que sufrió nuestro pais podemos rescatar recursos valiosos como sus ferias patronales
ResponderEliminarpues es realmente interesante lo que podemos deducir de esta información... a veces se nos hace mucho más facil ocultarnos en el nosotros (como hago en este momento) y simplemente, dedicarnos a obedecer... considero que para entender al mexicano hay que saber desde sus origenes, y esto a su vez nos permitirá entender cómo poder intervenir en su dinámica actual
ResponderEliminarEs interesante lo que nos ofrece ésta lectura, salen a relucir muchos aspectos del mexicano que quiza algunas personas nunca nos habias puesto a pensar, lo cierto es que todas las cosas de nuestra historia, todo lo pasado de alguna forma influye en el presente y se nota en nuestro comportamiento
ResponderEliminarlisto la encontre, haga caso omiso del correo
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